Pruebas: Notas : Poesía y Emily Dickinson (1830-1886)

Hola, Bienvenido a Panorámica Del Observador!

Puedes seguirnos en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a nuestro blog!

Recibe en tu correo las últimas noticias del blog. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.
Feedburner

    ¿Me recomiendas?

Páginas

martes, 13 de abril de 2010

Notas : Poesía y Emily Dickinson (1830-1886)

Emily Dickinson
Poe solía quejarse de un prejuicio europeo que consistía en afirmar que los norteamericanos carecían de espíritu poético. Se obstinó por medio de la crítica, en negarlo, descubriendo nuevos poetas que surgían en su país. Años más tarde, su misma existencia y la de Emerson se encargarían de refutar semejante idea. ¿Qué hubiera dicho el autor de El cuervo, sobre Emily Dickinson? Acaso hubiese afirmado lo que dijo de otra escritora: “La mujer es, después de todo, la única verdadera pintora de ese misterio apacible y hermoso que es el corazón de una mujer”.
Ansiamos declarar, con las mismas ínfulas, que Dickinson fue la única pintora del corazón de Dickinson. Quienes agoten hasta el hartazgo todas sus biografías y notas enciclopédicas comprenderán que su alma solo se abrió al mundo por medio de sus poemas. No tenemos otra sombra más precisa que las cientos y cientos de poesías que dejó, dispersamente, en cuadernos y hojas sueltas.


Nació en Massachusetts y sus primeros años fue educada con la severa religión protestante, profesada por sus padres. Esta sería su primera influencia, que la acompañaría hasta sus últimos días. Su otra gran influencia fue, sin duda, Ralph Waldo Emerson, menos creyente y más naturalista, que le enseñó la contemplación de la naturaleza. Los animales, las aves, las plantas y los insectos abundarán en sus versos.
Todo aquello, y las utopías, y los amores secretos e imposibles, la fueron llevando a un estado de soledad absoluto, hasta recluirse para siempre en una pequeña habitación de su casa, para salir en efímeras ocasiones y dar paseos.
Allí, en esa voluntaria reclusión escribió más de 800 poemas. No importaba otra cosa que escribir. No los titulaba, no los fechaba, todo ello parecían detalles superfluos. Una hoja suelta, o la esquina de una página del periódico, cualquier papel era propicio para dejar unas palabras. Solo era ella y su alma. Llegó a decir: “Trabajo en mi prisión y soy huésped de mí misma”. Toda su vida negó publicar su obra; solo unos pocos poemas fueron publicados mientras vivió.
Al morir, su hermana Vinnie descubrió en aquella solitaria habitación todo el material de Emily. Dejamos aquí, uno de los pocos poemas que permitió publicar; lo dejaremos en su idioma, para que pueda disfrutarse con la música que es propia del inglés.

A narrow fellow in the grass
Occasionally rides;
You may have met him,--did you not,
His notice sudden is.
The grass divides as with a comb,
A spotted shaft is seen;
And then it closes at your feet
And opens further on.
He likes a boggy acre,
A floor too cool for corn.
Yet when a child, and barefoot,
I more than once, at morn,
Have passed, I thought, a whip-lash
Unbraiding in the sun,--
When, stooping to secure it,
It wrinkled, and was gone.
Several of nature's people
I know, and they know me;
I feel for them a transport
Of cordiality;
But never met this fellow,
Attended or alone,
Without a tighter breathing,
And zero at the bone.


Fuénte: Panorámica Del Observador, José Ignacio Alonso, nos reservamos los derechos.

1 comentarios:

 
Blog diseñado por Adrián J. Messina | Panorámica del Observador 2009-2012 | Política de privacidad | Aviso legal | Licencia Creative Commons
¿Me recomiendas?