Pruebas: Los umbrales de la imaginación

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lunes, 25 de octubre de 2010

Los umbrales de la imaginación

Imaginacion

Cincuenta años antes que se editara la novela más destacada en la literatura española –hablamos, naturalmente del Quijote, obra traducida por todas las voces europeas, juzgada como una sátira, hasta que conmovió, en cierta tarde de su juventud, a Heinrich Heine en el rincón de un jardín-, digo que antes la lengua española conoció una corta novela, escrita en el siglo II, que ya trataba el argumento de un héroe que se abandona a un viaje absurdo y picaresco. En 1551, Francisco de Enzinas traduce al español la obra de Luciano de Samosata, con el título de Historia verdadera. La obra consta de dos libros.




La historia, guarecida al realismo por la primera persona, comienza como toda aventura de naves: con una tormenta. El fin del viaje no era menos elemental; nos asegura que lo alentaba la curiosidad de las tierras desconocidas. Entregados al vendaval, peregrinan en el oscuro océano durante setenta y nueve días, en el octogésimo divisan una tranquila isla y deciden explorarla. Adentrados, en una estela de bronce encuentran unos vagos caracteres en griego que rezan: “Hasta aquí llegó Heracles y Dioniso”. Más profundo en la isla se topan con un río de vino. Nuestro héroe quiere saber de dónde nace y sube bordeando su corriente, y descubre que el río se forma de grandes vides cargados de racimos. Deciden comer los peces y se embriagan. En la parte superior de las vides hay mujeres de cuyas manos también florecen racimos. Basta un beso de estas mujeres para dejarlos más ebrios y vacilantes. Quienes logran escapar vuelven a la nave. Se largan otra vez al océano, pero un tifón hace girar la embarcación levantándola por los aires y no vuelve a permitirle descender al mar. Así llegan a un país luminoso que no es otra cosa que la Luna. En ella viven los “cabalgabuitres”, hombres que cabalgan sobre buitres de tres cabezas, que cuidan de ella y los envía al rey. El rey se llama Endimión que antes de ser rey fue un hombre corriente que fue raptado. Declara que los visitantes se encontrarán seguros con él, y serán felices, si él logra triunfar contra sus enemigos del Sol. La discordia de la guerra reside en la colonización de cierta Estrella. La lista de esta evasiva naturaleza prosigue: una ciudad de Lámparas, una nave espacial que se desliza en el interior de una ballena, luchas con pueblos monstruosos, islas con nombres como la de los Dichosos, o como la de los Sueños. Tampoco faltan recordados personajes que pudieron ser ficticios como Homero o Helena de Troya; más criaturas, como aves gigantes y bucéfalos.



Hasta aquí, la imaginación de Luciano. Se lo ha tildado como el primero y más importante humorista, precursor de Cervantes y Quevedo; yo exhorto la apuesta y digo que fue el primer literato. Trataré de justificarlo: Luciano abogó, en la palabra escrita, por el entretenimiento y el placer de la lectura. Esta acción no es una sospecha o un prejuicio; el mismo Luciano lo declara en los primeros capítulos de su historia. Nos dice que escritores como Csetias y Yambulo nos han mentido, y que muchos lo hacen cuando escriben sobre aventuras y viajes. Nos afirma que la guía de semejante “charlatanería” fue Homero con su Ulises. Pero al fin, felizmente, declara que todas esas inverosimilitudes no deben reprocharse porque sus lecturas son gratas. En la literatura, habrá pensado con entusiasmo, el fin justifica los medios.
Estudió filosofía y estudió también retórica, pero nunca se consideró ni filósofo ni retórico. No se abstuvo, no obstante, de utilizar esas ciencias para la imaginación y la creación literaria. La mímesis platónica que postula Aristóteles, Luciano la ejerció con felicidad. Los hombres, los buitres, la luna, la guerra, y la ballena son figuraciones que no desconocemos, el asombro reside en el sortilegio de la combinación. El Quijote mereció la fama que ahora sigue perdurando; pero silenciosamente ya había una obra, desde el siglo II, que pregonaba el libre humorismo, el arduo viaje, la aventura de un héroe, y la imaginación ilimitada. También podemos afirmar que fue precursor de Swift, de Voltaire y de Stevenson (los dos primeros acaso escribieron para la denuncia de la época). Escribe: “Me orienté a la ficción, pero mucho más honradamente que mis predecesores, pues al menos diré una verdad al confesar que miento. Y, así, creo librarme de la acusación del público al reconocer yo mismo que no digo ni una verdad. Escribo, por tanto, sobre cosas que jamás vi, trate o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir. Por ello, mis lectores no deberán prestarles fe alguna”. En estas palabras están acaso todos los conceptos de la literatura universal.

11 comentarios:

  1. Me suena Luciano de Samosata y el personaje Endimión, aunque, para de contar aquí...

    Gracias por la descripción de la novela y la reseña de su autor.

    Abrazos

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  2. Tiene buena pinta, tomo nota.
    Feliz semana.

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  3. Una entrada absolutamente cultural e instructiva. La opinión emitida al final es muy acertada. Yo tampoco escribo demasiadas verdades personales, creo que el verdadero escritor, debe prestar su pluma a todo un universo de posibilidades.

    Un gusto leer este post.

    Cordiales saludos

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  4. Hola Adrian,

    te comento que te he incluido en BdeBlogs con avatar incluido. Disculpa por no hacerlo en primera instancia pero es que con tanto enlace no me dí cuenta... incluso pensé que ya te había incluido :)

    Un fuerte abrazo :)

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  5. Muy buen aporte, en lista ;)

    Un saludo!

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  6. Hola José Ignacio.Una reseña que me gusto tanto que el libro está ya en mi lista.A ver si tengo suerte y lo encuentro en Pdf.La economía no está para más...
    Un saludo.

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  7. Un post cultural y literario el que dedicas hoy, interesante, lo tendré en cuenta.

    Un beso y feliz puente.

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  8. Como veo que tienes email en tu perfil, dentro de unos días te envío las preguntas de la encuesta a través de ese medio, todavía quedan delante de tí dos personas, cada semana, entrevistaré a uno, tú serás para la tercera, todavía hay tiempo de sobra.

    Gracias, amigo.

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  9. José Ignacio Alonso29 de octubre de 2010, 9:51

    Mariela: gracias por tus palabras. La literatura no necesita de la verdad, que es trabajo de la ciencia.

    Sagitarie: El libro está en pdf, como muchos escritos de este autor. Hay autores que ya han sido olvidado por las librerías pero que en internet están.

    María gracias también por tus palabras.

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  10. @María
    Hola amiga, será un placer.
    Contáctate cuando sea necesario o en cualquier momento.
    Un abrazo y un beso.

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  11. Interesante... dan ganas de investigar más... Así es es este blog, un estimulante para el intelecto. Es una bella labor la que hacéis. Gracias.

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